Lopera (Jaén)

VESTIGIOS DE LA GUERRA CIVIL EN LOPERA

Desde la celebración de las XII Jornadas de Historia Local (diciembre de 2000), todo este patrimonio procedente de la guerra civil española(1936-1939) ha sufrido una importante revalorización (estaba prácticamente olvidado), por lo que ha despertado desde entonces el interés de muchos historiadores, especialmente de ámbito local, aunque también han venido a Lopera estudiosos procedentes de distintos puntos de la provincia de Jaén, Andalucía e incluso del resto de España. A lo largo y ancho del término municipal de Lopera se pueden encontrar hoy en día numerosas huellas de este conflicto bélico,puesto que en los alrededores de la localidad se situó la línea divisoria entre ambos bandos nacional y republicano, conocido popularmente como frente de Andújar.

A este respecto existen en la actualidad dos importantes nidos de ametralladoras junto al Puente del Arroyo Salado, conocidas popularmente como trincheras, que están compuestas por bloques de hormigón armado, aunque también se aprecia en su estructura hierros entrecruzados y pequeños trozos de piedra.

El primer nido de ametralladoras está situado sobre un terreno totalmente llano y muy próximo a la carretera J-2930(Lopera-Bujalance), a 2,5 kilómetros del casco urbano. Su estructura adquiere la forma de S, tiene una altura de 2 metros, más de veinte orificios para la instalación de las distintas ametralladoras, pequeños huecos en la parte superior para la colocación de los fusiles y armas automáticas, y zonas interiores para la reserva del armamento y munición. Sus dos extremos acaban en forma de semicírculo y uno de ellos está semidestruido como consecuencia del impacto ocasionado por un proyectil de guerra. Las paredes laterales de una de sus ventanas exteriores están estructuradas en numerosos peldaños de 5 centímetros de ancho cada uno, para rechazar mucho mejor el impacto de las balas e impedir que penetraran en el interior de la misma. En su suelo o superficie se detecta la existencia de tres pequeños agujeros o perforaciones terrestres, que eran utilizadas por los nacionales para construir galerías subterráneas donde poder descansar parte de su ejército y refugiarse de los ataques del enemigo.

El otro nido de ametralladoras se haya situado a unos cien metros de distancia del anterior (más alejado de la carretera) y fue construido sobre una pendiente elevada. Por lo tanto, su superficie consta de dos pequeñas escaleras, con tres y dos peldaños respectivamente, provista a su vez de descansos. Su estructura adquiere la forma de L y acaba igualmente en semicírculo. Por lo demás, también tiene orificios para la ubicación de ametralladoras, huecos superiores para los fusiles y espacios interiores para la conservación de la munición. Ambas estructuras se construyeron en ese lugar en concreto por el ejército nacional con el objetivo de controlar todo el paso de vehículos y personas por el puente del Arroyo Salado.

En el Cerro de las Esperillas existen también unas importantes trincheras republicanas, aunque muy mal conservadas. Hoy en día tan sólo se puede apreciar parte de su estructura ya que los escombros, los arbustos y la tierra acumulada con el paso de los años han enterrado parte de este valioso patrimonio de la guerra civil. No obstante, el posible visitante todavía se puede impresionar al comprobar lo que queda de dicha trinchera, que está excavada en piedra viva y con casquijo de Lopera. Desde este punto en cuestión se puede ver un impresionante paisaje compuesto a lo lejos por el Cerro de San Cristóbal (donde existían unas importantes trincheras hoy desaparecidas), el Cerro del Calvario, fuente del Pilar Nuevo, actual Paraje de San Isidro; lugares que fueron escenario de esta cruel guerra sin razón y que debe servir para mirar hacia atrás en el pasado y aprender de los errores cometidos para que no vuelva a suceder nunca jamás.

Si continuamos recorriendo el término municipal de Lopera no encontramos en el pago de Valcargado, junto a la antigua carretera nacional Madrid-Cádiz, con un bunker o fortín antitanques en forma cuadrangular, compuesto por bloques de hormigón y ladrillo, y que posee unas dimensiones de 10 metros de ancho por dos y medio de alto. En su fachada principal se construyó en los años cuarenta una puerta rectangular y una ventana lateral realizada a base de hierro fundido. La cubierta es totalmente de hormigón y después de la guerra civil fue utilizado como vivienda por algunas familias.

A unos treinta metros de distancia de este fortín existe otro nido de ametralladoras, realizado totalmente a base de hormigón y piedra, en forma de semicírculo, y que posee una altura en su punto más elevado de 1,70 metros. Consta de un pequeño semisótano y un agujero en su parte posterior para la instalación de ametralladoras. Después de la guerra civil, fue utilizado como lugar donde se explosionaban los distintos proyectiles de guerra. En toda esta zona se registraron sangrientos enfrentamientos al estar situado el mismo frente de guerra.